Las telarañas.

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Estaba feo ya el rincón. Cerrado y sin ventilar durante demasiado tiempo. Acumulando pelusas, polvo y telarañas. Casi habría podido quedarse perdido en una especie de limbo virtual. Y ya era hora de abrir y ventilar.

Hay cambios en el rincón. Para empezar, el propio rincón, que es otro. Es otro rincón físicamente y alberga proyectos nuevos, sin perder los viejos. El tránsito fue pesado, con demasiados absorbe vidas; que quitaban espacio y tiempo.

Ya estoy.  Vuelvo a mi blog personal. A quien le guste, estupendo y es bienvenido. Y a quien no, pues estupendo también.

De salud, bien. Bueno, podría ser mejor. Tengo el defecto de que nunca me ha importado demasiado lo que comía o cuánto, sobre todo después de una racha en la que me quedé muy delgada y con un cuerpazo que no busqué. Cuando me preguntaban decía eso tan odioso y repelente de “noooo… no hago nada del otro mundo… es que bebo mucho agua y ando mucho…” y me callaba que en casa igual nos tirábamos un fin de semana a sopas. Puede que fuera por pudor, pero en esa racha aprendí que hay cosas más importantes que unas puñeteras calorías. Y sinceramente, en cuanto pude lo que me comí y gocé tremendamente fue un menú whopper que me sentó mucho mejor que todas esas sopas.

La cuestión es que ha ido pasando factura y al cabo de unos años, por una tontería me ha salido un tema en el hígado. Y no. No bebo. De hecho, me han prohibido el alcohol y cuando te prohíben una cosa que no consumes es todo mucho más fácil. Como los últimos años todo se arregla adelgazando, llevo algo así como dos meses con infusiones, rutinas de ejercicio que me valen para aprobar las pequeñas cosas de la vida (respirar, por ejemplo) y ya. Hasta ahora, a falta de una nueva analítica para la que hay que esperar hasta octubre, he ganado dos kilos y ansiedad de exámenes que no puedo tratar a golpe de chocolate, porque resulta que es malo (esta gente está loca, en serio).

El verano pasado, después de dedicarle a un trabajo y su correspondiente examen más de doce horas al día (y no, no eran oposiciones) y que éste se convirtiera en el centro de mi universo, lo suspendí de la manera más absurda (entender mal una pregunta). No hay forma de reclamar eso, así que ¡te lo comes! ^_^ La buena noticia es que el trabajo se llevó un notable (de verdad, no un Cifuentes).

He estado escribiendo otra vez. Hay una novela que empecé en aquella mala racha (la de las sopas) y otra más en el horno. La inspiración más que existir está en el aire, así que solo tenemos que ponernos de acuerdo.

Ahora también colaboro en un blog que es una gozada. La historia a veces puede ser, como diría Boyero, tediosa y un poco coñazo (las menos… por lo general, es entretenida); pero la causa principal de ese pensamiento general está en un profesor que la cuenta mal. No mal, sino como si le obligaran… Osea que le obligan por su trabajo y tal, pero como si no le gustara lo que hace. Sí, eso. Lo cuenta como si no le gustara lo que hace. Dejando a un lado lo triste que es eso, en la revista la contamos para todos los públicos y por gente a la que nos gusta contarlo. La diferencia es abismal.

Me ha traído experiencia (que nunca está de más) y cierta satisfacción al saber que trabajas, escribes y te esfuerzas para algo. Y algún comentario de hater también, pero eso es como algo por lo que hay que pasar. No hacen daño porque tengo un buen callo de gente así (angelitos… si yo les contara…) y porque en cuanto se sabe distinguir entre la crítica constructiva y el insulto fácil, todo es mucho más zen.

Y leyendo. Ya iré poniendo las reseñas. Y me he hinchao a series y películas que me muero por destripar para este limbo virtual.

¡Nos leemos!

 

Pesadilla antes de Navidad

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Años 90, aquellos años en los que no podíamos ponernos exquisitos con el idioma porque
las películas venían en VHS y eso no admitía cambios, era el modo de “esto son lentejas” del cine.
Bueno, la idea solo de que haya una ciudad en la que sea siempre una fiesta concreta y que
haya posibilidad de cambiar a través de una puerta, ahora, veinte años después de verla por primera vez, me parece acojonante de buena.
Pese a las infinitas posibilidades que se abren ahí, se centran en la ciudad de Halloween.
Muy oscura y siniestra, pero guay. El día de fiesta, obviamente, Halloween. Y en la ciudad, aparte de un alcalde con dos caras y muy casposo, hay un líder: Jack.
Jack es el mejor, es querido y admirado por sus conciudadanos, el perfecto rey del mal. Pero
está desmotivado y tristón. Recoge a su perro fantasma del cementerio, canta su canción y se va a deambular por el bosque. Llega a un círculo de árboles con puertas pintadas que representan una fiesta. Aparece un pavo, un trébol… Y le atrapa un árbol de navidad. Abre la puerta y parece que es solo un árbol hueco, pero sale una corriente que le envuelve y le atrae al interior. Y aparece en una ciudad que es la Navidad más empalagosa y recargada imaginable, que podrías decir “me está subiendo el azúcar, no hace falta tanto”… ¡Pero también mola! ¡Es que eso es lo más grande! Con toda su exageración en ambos mundos, molan.
Total, que canta su canción de rigor (que ya llevaban un par de minutos sin canciones) y se
encuentra con el líder de la ciudad: un tipo redondeado, que se ríe a trompicones. Cuando vuelve a su ciudad, dando un toque de color, convoca una asamblea y canta (otra vez) que hay una cosa que se llama Navidad, que va de regalar cosas y adornar. Y dicen “la vamos a hacer”.
A Jack se le va tanto la pinza que intenta encontrarle una explicación científica a la Navidad
y empieza a hacer experimentos (de lupa, microscopio y demás…) para dar con la esencia de la Navidad. Cuando ya le va a estallar la calavera, canta “oye, me voy a quedar con la Navidad” y pone a toda la ciudad a trabajar para ello. De todos los encargos, destaca el de los niños de Ooggie, una panda de macarras que se van a secuestrar a Santa Claus.
Y se fabrican su versión de la Navidad, basada en juguetes de patos con disparos, murciélagos muertos que valen para un gorro, cabezas encogidas… Cositas…
Con Santa Claus secuestrado, Jack usurpa su puesto y se va con un trineo compuesto por un
ataúd, un contenedor de basura y esqueletos de renos dirigidos por la linterna del hocico del perro de Jack (Zero), porque se ha levantado una niebla densa como un puré. Ha sido un intento in extremis de Sally para evitar que Jack haga semejante burrada. Va al mundo real, con niños que se supone que son los reales y va dejando sus cosas. Y los padres empiezan a saturar las líneas de la policía, porque no es normal lo primero que el niño se encuentre con Santa Claus y segundo que el regalo sea una serpiente enorme que se come el árbol de Navidad o una cabeza de estas de caja que sale saltando detrás de ti por el pasillo. Algo así te arruina la Nochebuena sin que haga falta un cuñao. Claro, que también hay que decir otra cosa: el niño normal quiere encontrarse con Santa Claus (voy a seguir diciendo Santa Claus a pesar de que lo llamemos Papá Noel, porque es el que sale en la película, y punto); pero ese niño normal también sabe que no le compensa encontrarse con ese señor, porque la broma le cuesta el regalo, así que por la cuenta que le trae no se acerca a él y le habla. Visto así, casi le está bien empleao.
Pero bueno, que me voy del tema. Estos yanquis necesitan poco para empezar a sacar tanques y armas. Bueno, tanques no; pero se lían a cañonazos contra el trineo de Jack. A mí el que me da pena es el perro, que cuando se dan cuenta de que les están bombardeando, mira a Jack con esa carita de angustia traslúcida. Al final le derriban, canta la que creo que es la mejor canción de la película en la que viene a reafirmarse en su papel; pero se arrepiente de cómo ha hecho las cosas y corre a rescatar a Santa Claus.
También ha ido a rescatarlo Sally, la chica. Esta pobre alma de cántaro que está obsesionada
con Jack. Ella se supone que está enamorada, le mira como si estuviera enamorada pero es más bien obsesión (vete a saber si a esto no le debemos aquello…). Es una versión del monstruo de Frankestein, literalmente, la ha creado un científico a partir de trozos. De hecho, se puede tirar por una ventana y romperse que saca una bobina de hilo, enebra la aguja y se arregla ella sola. El que cose sabe que a veces te juntas con retales sueltos y dices “lo voy a guardar a ver si vale para algo… No hay que tirar las cosas así a lo tonto…”, y cuando te quieres dar cuenta te da para un vestido de muñeca… Pues este científico cabezón que se puede rascar el cerebro lo ha llevado al extremo y, no contento con el vestido se ha hecho a la muñeca entera; pero además le ha dado vida… Osea, como Frankestein… Y ni afán científico, ni altruismo ni la inflamación de ego que supone decir “he creado vida”… La ha creado para tenerla de sirvienta, básicamente. Bueno, pues ésta ha tenido una
premonición en la que ve que no va a ir bien la adaptación, pero está todo el mundo tan feliz y tan entretenido con la novedad que no la hacen ni caso. Ha intentado evitar que Jack saliera de la ciudad con la niebla artificial tan densa y ha intentado rescatar a Santa Claus. Y le ha salido todo mal. Al final les tiene que rescatar Jack de Ooggie Booggie, que es un saco relleno de bichos y es el malo.
Al final, Santa Claus es liberado, Ooggie se muere porque se le va un hilo y se deshace el
saco liberando todos los bichos que le forman. La Navidad llega a la ciudad de Halloween en forma de nieve y Jack y Sally se quedan juntos. Hora y pico que has disfrutado como un enano.
Una película como de muñecos, navidad, disney y tanta canción no tiene por qué ser para
niños, a pesar de todo eso. A uno de seis años a lo mejor la broma le cuesta alguna pesadilla.
La música es maravilla pura, tanto en inglés (que descubrí hace poco) como en español
(porque, como he dicho, antes no podías cambiar el idioma). Danny Elfman, que es un genio. Casi toda la película es cantada, igual te sobra alguna pero al final la ves y las tarareas todas. A ver cuándo se les ocurre montar el musical.
El aire de cada mundo es muy exagerado y la mezcla resulta perfecta. La Navidad con filtro
Halloween, con esos renos que son esqueletos, el trineo que es un ataúd, una guirnalda que es un monstruo… Todo en una gama de grises y colores oscuros de Halloween que se rompe explotando en colores y brillos por todas partes, que combina con la emoción de Jack y que al final saca al crío que llevas dentro.
Ya sé que me repito, pero es que es perfecta. No se puede definir de otra forma.

*Para mi amiga*

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Así empieza una cadena de wathsapp que me ha llegado recientemente. Me ha resultado interesante, y me ha decidido a escribir por fin este artículo.
La amistad es un concepto que puede resultar abstracto, pero está bastante claro. La amistad no es hablar todos los días, ni siquiera todas las semanas. Es simplemente estar a las buenas (que es muy fácil), a las malas (que no tanto) y a las peores (que están los de verdad). No está obligado, pero si puede ayudar, lo hace. Hay amigos con los que puedes estar meses sin hablar, y no pasa nada, porque la amistad permanece. Por suerte, creo que de éstos también tengo. Pero esta cadena, que alababa tanto la amistad femenina, resultó enviármela alguien que en su momento demostró que solo estaba para las menos malas (las menos malas para mí, claro). Alguien que me decepcionó.
A raíz de aquello, le he estado dando vueltas a la decepción. Eso sí que es abstracto. Nadie está libre de haber decepcionado a otra persona, seguro que lo he hecho un montón de veces. Es fácil decir que se está decepcionada con alguien, con un viaje o un plan que no sale como queríamos. Pero todo tiene la misma raíz, las expectativas que te creas ante ese plan, ese viaje o esa persona. Por resumir, puede que se haya puesto el listón muy alto.
La decepción es proporcional a las expectativas. Cuanto más esperes de ese viaje o ese planazo, más fácil va a ser que la realidad no resulte para tanto.
Siempre se quiere confiar en la gente del entorno. Si no puedes confiar en quienes te rodean, ¿en quién lo vas a hacer? Parte de esa amistad es estar los unos para los otros y viceversa, como los mosqueteros. Ahí está el error. En primer lugar, no hay que hacer las cosas esperando algo a cambio. En segundo, cuando le pides ayuda a alguien, puede que no tenga el mismo concepto de amistad o lealtad que tú. Puede que tú estés para todo siempre que esa otra persona lo necesite, desde salir hasta acompañarle a un trámite por apoyarle a pasear a su perro (porque no tiene tiempo, porque el perro tiene más fuerza y no se hace con él, porque porque porque…)… Pero de ahí a ayudarte él/ella a ti, hay un mundo. Es entonces cuando te viene a decir que tus problemas, tus bajadas de ánimo, tus lo que sea, es tuyo; y no tienes por qué meter a nadie más, porque los demás arrastran lo suyo también. ¿Quién te crees que eres?
No voy a suavizarlo. El golpe de realidad duele como una buena patada en la espinilla y como tal, está un rato resonando y desaparece poco a poco. Esa persona te ha decepcionado, ¿por qué? Porque esperabas que estuviera a la altura. Tienes parte de culpa, porque quizás has esperado algo de una persona de la que no se puede esperar nada; pero al final, compruebas que da igual. Que hay gente que sencillamente no está para los demás.
Ese tipo de personas no es que desaparezcan de tu vida, no tienen por qué. De hecho, en mi opinión, deben seguir por dos motivos:
-Que vean que no se les necesita. Eliminarlos del círculo les da más importancia de la que
merecen.
-De todo se aprende. Es fácil que en pleno calentón rompas con todo y hagas una purga:
borrado de teléfono, tirar a la basura un regalo envenenado, soltar parrafadas por el wathsapp… Hay quien opina que eliminar lo que hace daño es lo mejor, pero tenerlo presente te recuerda por dónde pueden salir las personas. Es como pretender borrar una cicatriz. No se trata de callarte para pensar en un hipotético perdón futuro. Pero volverá antes o después y si no hay algo que te impida olvidar, es más fácil perdonar y estar en paz y que te tome por imbécil.
Lo difícil es el silencio que generalmente se ha dado después. Un silencio roto solo por el típico mensaje navideño o la cadena de wathsapp que alaba la amistad, un concepto que viene grande a este emisor. Se suele criticar a la persona que no da señales de vida en todo el año y sin embargo en la última hora del 31 de diciembre te envía ese típico mensaje navideño; pero aún así hay personas y personas. La amistad tampoco es hablar todos los días, ni siquiera todas las semanas. Pero hay mensajes navideños que, aunque sean el único del año del emisor de turno, se agradece, está bien se devuelve; y luego está el típico hipócrita que con toda su falsedad te envía un copia y pega en el que te desea lo mejor para el nuevo año. Gente que solo están en tu vida para hacer un copia y pega en el wathsapp y gastarte batería y energía.
No habrás entrado, porque “has desaparecido”… pero si o has hecho, te habrás dado por aludida porque en el fondo sabes que va por ti. No quería darte esta importancia, porque me has demostrado que no te la mereces, pero sí quiero decirte que seas un poquito coherente y te ahorres esas cadenas de wathsapp sobre la amistad. Porque es una parrafada que “dice grandes verdades”, pero la idea te viene grande.

 

 

Breaking Bad

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Esto es para comentarlo por temporadas. La he visto por tanto “que pasada de serie… que obra de arte… que esto que lo otro”. La verdad es que me ha encantado.
Tenemos a un profesor de química, Walter White, que cumple cincuenta años y tiene una vida un tanto deprimente. Suena mal pero es que es lo que hay. Los alumnos no le respetan, tiene otro trabajo en un lavadero de coches donde el jefe le putea, y tiene un cuñado, que aparte de ser muy cuñado es agente de la DEA, que es la agencia antidrogas de Estados Unidos.
Bueno, ya en el primer capítulo le pegan a Walt el palo que desencadena toda la serie. Tiene un cáncer de pulmón, en fase 3 y es inoperable. En el mejor de los casos, con tratamiento, le quedarían dos años. Aprovecha una oferta de chuleo de su cuñado, Hank, y le acompaña en una redada en un laboratorio de metanfetamina. Van buscando a un tal “capitán cook”, que se caracteriza porque añade chile a la fórmula. En esa redada, mientras espera en el coche que le dejen entrar, ve escaparse por una ventana a un antiguo alumno suyo, Jesse Pinkman. Se da cuenta de que él es el personaje al que están buscando, pero en lugar de delatarle se queda bloqueado y se va a encontrarse con él en su casa. No va a verle para preguntarle qué tal le ha ido, sino para ofrecerle
vender metanfetamina juntos. Él la “cocina” y Jesse la vende.
El primer contacto de venta de Jesse acaba en muerte, descomposición química y destrozo casero.
Pero éste les lleva al segundo, un narco (Tuco) que está completamente loco, desquiciado, que se esnifa todo lo que pilla y que a la mínima se le cruzan los cables y mata a un tío a puñetazos.
Mientras, la mujer de Walter lleva su propio calvario, y es un calvario. ¡Qué hartura de persona, virgen santa! Skyler está embarazada y una vez se entera de la enfermedad de Walt entra en una fase de “oh dios mío, está bostezando, ¿¡se encontrará bien!? ¿Por qué no me cuenta absolutamente todo lo que hace o piensa o dice? ¡¡Ay se está durmiendo!!” Llega a montar una “reunión familiar” para hablar sobre la decisión de Walter de no aceptar la financiación para el tratamiento, pero no es más que una encerrona para que se pueda dar cualquier opinión que reafirme la suya, si no, no vale. Que bueno, es legítimo no conformarse, pero es muy cargante (además de un pelín ridícula con el dichoso cojín de hablar, pero bueno). Todo eso viene de que Walter ha tenido una oferta de un antiguo compañero, al que le ha ido muy bien, que se ha ofrecido a pagarle el tratamiento. Walter no se lo ha dicho. Skyler se defiende con que entiende que le cueste aceptarlo, pero está bien apoyarse en los demás, que entonces no verá crecer a su hija etc.
Tanto Walter como Pinkman han tenido una fase de no querer continuar con el negocio. Pinkman se ha querido enderezar, volver a casa de sus padres (de donde le terminan echando), empezar a trabajar y demás. El trabajo que le ofrecen es una mierda, honrado pero una mierda, hablando claro.
Se juntan que Pinkman no puede enderezarse y que Walter acepta someterse a un carísimo tratamiento por su familia, pero no el dinero de Elliot.
Aquí cae bien Walter. Hace algo ilegal, pero por ayudar a la familia. Llega a hacer cuentas de cuánto tiene que ganar para que a su familia no le falte de nada hasta que la hija que todavía no ha nacido acabe la universidad. Dices “bueno, no es la manera más deseable, pero no es codicia sin más”.

DVD

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El dvd. Ese sistema súper moderno, con tantísimo contenido extra, con tantísima definición, tan finito, tan guay… ¡¡Tan mierda!!
Hasta hace unos pocos años (no tantos…) tú te querías comprar una película y puede que a los doscientos usos la cinta estuviera un poco perjudicada, vale. El vídeo (el aparato) era un armatoste, de acuerdo, pero te duraba perfecto más de cinco años. Ahora, te compras un dvd (aparato) y a los cinco o seis años, lo tienes que cambiar, porque por alguna razón, el láser ya no lee bien cualquier disco. Y te compras el dvd (disco) por aquello de los extras, el cómo se hizo, los tráilers y porque por alguna razón no quieres descargar. Igual te ha dado por pensar que comprar una película es como vintage.
Llegas a casa, lo quieres estrenar y puede ser una lotería. Personalmente, tengo uno que es del Padrón: unas veces lee y otras (la mayoría) no. Y dices “voy a limpiar el disco, no sé cómo se ha podido ensuciar en su funda, pero lo voy a limpiar”. Y sigue el láser ahí, atascado en el anuncio de “no piratees, que se va a acabar el mundo, es como robar”, claro, porque del aparato que te han hecho comprar y que tienes que renovar porque se ha desgastado no es un robo… Curiosamente, con el contenido descargado no hay problemas de lectura.

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Ese detalle (aparte de hincharme la nariz) me hace preguntarme: si el láser llega un momento que falla y casi todas las televisiones traen ahora un puerto usb, ¿no se podría abandonar un sistema que a todos los efectos es defectuoso a corto plazo? Habiendo opciones mejores…
Pero se entiende perfectamente cuando uno se pone a echar cuentas. ¿Qué vas a hacer con las películas y series que ya tienes en dvd? ¿Tirarlas? ¿Ponerte a descargar y volver a pagar por algo que ya has pagado? No, te compras otro dvd (aparato), y otra vez vuelta a empezar.

 

Carrie

Este fue de los que leí el verano pasado. Por qué?? Por entrar en detalles, porque no lo conocía. Stephen King era el de “It, el de “el resplandor”, el de las películas de libros de terror y poco más. “El resplandor” no me gustó y de “It” mejor no hablar.
Bueno, pues llego a Carrie por unas casualidades. Me había enganchado al podcast de “todopoderosos” y en su programa dedicado a King hablaron de su primera novela y la venden muy bien. No solo por entrar en la novela, sino por la historia personal del autor, que es una Cenicienta de manual pero sin canciones ni ratones metidos a costureras. Luego está la novela: una chica que sufre acoso escolar en el instituto, que tiene su primera menstruación en un momento inoportuno, provocando risas y burlas en las compañeras. Y, por historias mías, parece haber un mensaje subliminal, algo en plan “leete esto… que parece hecho para ti…”
Mis fantasmas no me han arruinado nunca una lectura y no iban a empezar a estas alturas.
El caso es que parecía tan para mí que a más de uno le sorprendió que no la hubiera leído ya. Otra vez lo vas a leer?? De verdad no lo has leído?? Pues mira no, soy así de cateta, ya ves.
Dicho lo cual, lo empiezo. Es cortito y se lee muy bien, no se hace pesado y es fácil entrar en la historia.
No es que me encante, no es que haya cambiado mi vida, no es que haya hecho las paces con mis fantasmas; pero está bien.
La madre de Carrie es la verdadera mala, perversa y bruja de la historia; quien más maltrata a Carrie con un fanatismo religioso que vuelca en una represión y maltrato físico y psicológico; y que deja a los niñatos del instituto  a la altura del betún. No son más que unos mocosos que en el fondo son conscientes de lo vacías que están sus vidas.
Sobre “el momento”. Es comprensible, yo me alegré de que estallase y los matara a todos. Pero igual fue excesivo. Niñatos por acción, profesores y dirección por consentir y por tanto apoyar; la madre por ser tan hija de… Pero Carrie, corazón mío, igual el vecino que ni te conoce no tiene culpa de que vivas rodeada de gilipollas.
Y antes de que nadie diga “ay que violenta… Esa no es forma de reaccionar…”… 1, estamos hablando de ficción; y 2, no le deseo la muerte a nadie, faltaría más; de hecho, a esa gentuza que acosa por acción y a los profes que miran, dicen “ay que pena esto…” y ya les deseo una larga y jodida existencia, repleta de lo que han causado y consentido 🙂
Pero bueno, que me estoy desviando. Por ponerle una nota, sería un 7 sobre 10.
La película no la he visto (no, tampoco) y no sé si la veré, porque con las adaptaciones de libros al cine/tv hay que cogerlas con una apertura de mente de la que carezco para el caso. Así no tengo que decir eso de que me gustó más el libro.

Cien años de perdón

Peli de atraco a un banco. De entrada, parece que está todo dicho, pero aquí hay más miga que en un bloque de pan de molde.
Estos días de lluvia, con atasco, que agobia solo de verlo. A las once de la mañana entra la banda en un banco en Valencia y empieza el lío (esto es un atraco, todos al suelo, bloqueo de puertas…). En lo que dos preparan la huida, por un agujero que comunica con el subterraneo, la directora ofrece el contenido de una caja de seguridad (la 314) a cambio de algo. Mira por donde, la caja esta es la misma que busca el que ha montado la operación. Y mira por donde, es propiedad de un tal Soriano, que guardó ahí un disco duro, con información “delicada” de un partido político.
Cuando la subtrama se revela, piensas “pero si esto en España da igual”, pero la trama ocurre en 2012; no había tanta mierda. Vamos, había y se sabía pero no tanto. Bueno no había salido todavía lo de Barcenas, ni lo de Bankia ni las Black…
Pero bueno, al lío. El enviado de seguridad del partido llega a decir que no quiere que tenga que salir nadie dando explicaciones ni “balbuciendo gilipolleces”… Ay alma de cántaro…

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El líder está puesto ahí por el partido, y no pueden salir porque con la lluvia se ha inundado el túnel por el que iban a hacerlo. Se reúne con Coronado, que está de negociador, y le garantiza que les van a sacar por el edificio anexo al banco, con policías untados en sitios clave y que lo único que tienen que hacer es pasar allí, ponerse un uniforme de policía y salir tan ricamente. Pero, mira por donde, dan con un policía que se da cuenta y se enfrentan. En el tiroteo, la directora (que iba de rehén) recibe un disparo en el brazo y la mandan al hospital. Allí trata de vomitar los diamantes con los que Luis Tosar le ha pagado la colaboración. Al empezar, estaba hecha un manojo de nervios porque la iban a despedir.
Como vuelven a no poder salir, piden lo típico (que si un autobús, que si un avión…). Cuando llega el minibus tuneado con una bomba en los bajos, sale el sol…
Empiezan a salir los primeros rehenes con unos que van vestidos como los atracadores; en fila, muy despacito, hacia el minibus. Pero en un momento dado, uno salta que son rehenes todos y por suerte no se llegan a subir. La banda está saliendo por el dichoso túnel, que como ha parado de llover, el nivel del agua ha descendido lo suficiente. Se cambian por ropa seca, aparecen en el metro, cada uno con su bolsón de botín, se separan saliendo cada uno por un lado y tan felices.
Por otro lado, el que al principio era el negociador hasta que ha llegado Coronado metiendo codazos, oye cosas por el puesto de mando. Que si un disco duro de Soriano, que si apaños del partido… Y llama a un amigo periodista. Al final salen bocadillitos twiteros de medios de comunicación revelando que el CNI está implicado en el atraco.
Está muy bien. Le tenía ganas a la peli y no decepciona.

El monasterio del tiempo

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Lo que nos hemos reído con este capi…
Bueno, risas y alarma casi a partes iguales. Este giro que iba a dar la Torres no me lo esperaba :-/ A ver si ahora que está Julián volviendo a meter el pie viene dentro de poco y arregla el desaguisado este.
Pero bueno, al lío. Resulta que ha muerto la abadesa que debía entrevistarse con Napoleón, y como encaja físicamente con Angustias y además entra en el despacho de Salvador en el momento justo; pues allá que me la mandan. Ella como abadesa, Amelia como monja y Pacino como cura, tienen que ir al monasterio a salvar la vida de un antepasado de Adolfo Suárez, que los franceses le han condenado a muerte y si muere nos quedamos sin transición el no veas el lío.
En el convento está también la novia de Rodolfo (la potencial víctima) y aquí empieza la sesión de anuncios de compresas/champú/caramelos Ricola… Las imágenes de un encuentro bucólico en el campo admite de todo, es más hasta sube el azúcar, pero hace mucha gracia. Aquí se ha podido montar a lo tonto un pájaro espino que ríete de los culebrones. La novia con el novio, el novio con Amelia, la novia otra vez con Pacino, un general francés con Pacino, Pacino con una monja…
Vamos, que Pacino ha triunfado, la erótica de la sotana…
Es más, yo veía poner ojitos aquí hasta a Napoleón, pero en los “archivos del Ministerio” Fernando Cayo decía que veía en Angustias como una figura familiar y no hay más que hablar.
Obviamente, consiguen el objetivo y salvan a Rodolfo Suárez y con él la transición y etcétera.
Mientras tanto ha habido cada escena para enmarcar que nos alegró la noche aún más, que qué bien sienta irte a dormir después de semejante panzada de reír, hasta se duerme mejor. Está Alonso adaptándose a electrodomésticos, sus pruebas de vestuario de lo pretty woman, Angustias sin saber cantar el “Adeste Fideles”, la tanda de amor campestre, el francés haciendo un “hoy quiero confesaaaaaaar que estoy enamoradoooo”, Pacino dando misa, Angustias mutando en jurado de masterchef y un homenaje a Casablanca muy bien metido.
En el presente, Irene descubre que Salvador puede contactar con Julián (le da a rellamada en el teléfono y aparece Julián durante un microsegundo), y Susana Torres echa a Salvador, ofreciéndole un puesto en una compañía energética (que estamos en España…), algo que Salvador rechaza (es que hay que quererlo, ya no queda gente así). Cuando la patrulla vuelve al Ministerio, ya se encuentran a Torres en el puesto de Salvador. “Van a cambiar muchas cosas aquí”, dice la pájara, así que ya que al parecer el siguiente hay una epidemia de gripe española, que haga el favor de volver Julián y poner las cosas en su sitio. ¡Hombre ya!
Lo que siento es lo que le vaya a costar la broma a Irene, porque es un personajazo que no es
cuestión perder en una hipotética temporada siguiente.
Según el avance este innecesario que ponen al final del capítulo, este siguiente capítulo nos puede costar un disgusto.
Hay que empezar con la campaña de renovación. No me cabe en la cabeza (y eso que hay sitio) que rtve no lo haya hecho ya. He resumido en twitter que tiene que haber más temporadas porque no es solo una serie, en el sentido de que todo lo que hay en torno a ella no para de crecer. Entiendo quesería mejor terminarla mientras está en lo alto, de audiencia, premios y demás; que es un buen final, pero iba a saber a poco. Nos quedaríamos con ganas de serie, y no es plan.

El canon.

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Mono_MalvadoBien. Ya estamos en marzo. Calculo que quedan de dos a tres semanas para otro bombardeo publicitario, el tercero del año. Después de las rebajas y San Valentín, las campañas por el Día del Padre y la “nueva temporada” (de lo que no me quedaré con las ganas de quejarme) viene “la operación bikini”. Y es “bikini” por una razón obvia.
No voy a entrar en el machismo evidente del canon de belleza. No voy a entrar en la relación
que nos pintan de belleza-canon, ese argumento que dice “pierde esos kilitos y ponte guapa”, que da por hecho que solo estás guapa si te pones acorde a lo que se ha decidido que es la forma ideal femenina; que dan ganas de darle al lumbreras unas pinzas de depilar para que sostenga el argumento en cuestión. No voy a entrar en las diferencias de trato según el sexo. Ni en las revistas femeninas, ese catálogo de publicidad que parecen pensados para cultivar complejos a golpe de photoshop. No conformes, nos venden otra bajo la aparente filosofía de sacar los “defectillos” de los famosos, es decir, fotos tiradas en la calle sin un paso previo por peluquería, vestuario y maquillaje y sin disimular la celulitis de aquí, el colgajo del brazo, etc. No solo eso, oh!, además vamos a darle un toque de humor, para dar el mensaje de que no pasa nada por no ser “perfecta”.
Tres páginas después nos cuelan un reportaje para “pierde peso sin pasar hambre”, con una lista de precios de cremas reafirmantes “aconsejadas”… Pura coherencia.
En fin, el tema no es ese. Es hipocresía estándar. Es fácil evitar su contaminación
limitándose a no comprar las revistas en cuestión y alegra más la vida un desayuno completo o una caña con alguien. Hasta ahí bien.
Pero mira por donde, enciendes la televisión, la radio o cualquier medio de comunicación y
¿qué tienes? Básicamente un mensaje, en diversas formas: “adelgaza”. No importa cómo estés, ni cómo te sientas con tu cuerpo: tienes que adelgazar para estar bien. Porque, como a lo mejor decir que es una cuestión de atractivo puede resultar superficial o no cala lo suficiente, ahora meten la salud. No, oiga, es que resulta que si tienes sobrepeso te vas a morir y lo vas a hacer ya. Como si los demás fueran a mutar en Connor MacLeod. Y ahora viene anécdota:

Hace unos años, por hacer un favor, fui a hacer un “estudio de nutrición” a un centro de una conocida marca de “nutrición”. Este estudio consistía en subirte descalza a una báscula que leía tu peso, tu talla, el nivel de grasa corporal, masa muscular y hasta tu canción preferida solo por el tacto de los pies. El resultado que saliera de una correspondencia concreta según altura servía para venderte su producto maravilloso, milagroso, sin el cual sencillamente te morías. Y la pava lo dijo tal cual:
“Es que tienes unos niveles de grasa corportal altísimos. Tendrás el colesterol por las nubes. Si sigues así, dentro de poco, tendrás enfermedades de huesos, de circulación, diabetes… Te tienes que poner a arreglarlo ya, porque reduce muchísimo tu esperanza de vida. Es más, he visto que tienes poco pelo ahí delante, se ve muchísimo. También es fruto de todo lo que te sobra.
Con nuestro plan, por la mañana y por la noche, en dos semanas, ves resultados. No es solo
lo que te pueda decir la máquina, sino que lo verás tú. Además estarás más animada porque te sentirás bien” (Esto ya no lo sacaba la báscula, fue de su cosecha).

Medía, y sigo midiendo (no he encogido ni crecido a lo largo), 1.70 y pesaba unos 85 kg. Me encontraba perfectamente. No voy a entrar en que estuviera bien o mal. Entendía perfectamente las razones de un discurso tan apocalíptico. La idea era que yo en ese momento dijera “sí, sí, sí, ¿qué tengo que hacer? ¿Cuánto cuesta venir durante un año? Te pago lo que sea, pero sálvame!!!” Reconozco que es fácil negarse a comprar cuando no tienes un duro, pero aquí estoy, vivita con mis ochenta yyy, con los que me llevo bien porque ya llevamos años juntos.
Pero bueno, a lo que iba.

Todos los medios de comunicación están al parecer obsesionados con el aspecto físico de los demás, que no sé qué le hemos hecho, pero bueno, allá ellos. Y me daría igual pero luego resulta que cada X tiempo les sale no sé si la vergüenza o la hipocresía en niveles altos o es que les entran ganas de hacer un reportaje importante de verdad. Entonces aparece el periodista principal (la presentadora) y habla con tono serio, como de preocupación, de los trastornos alimenticios. Enseñan un reportaje de unos minutos en el que sacan a algunos afectados, hablan sobre su problema, su recuperación, etc. A lo mejor, llevan a alguno al plató, donde sigue ese tono de ceño fruncido y cara de “oh dios mío! Pobre chica/o”… Para concluir con algo tipo “nos alegramos mucho de que estés bien y de que te aceptes y estás guapísima… bueno, siempre has estado guapa”, cartel de aplausos iluminado y ala, a otra cosa. Qué buenos somos.
¡Y una mierda! Uno de esos programas, en su espacio “de salud” de cinco sesiones
semanales, al menos tres tienen que aprovechar para colarte lo importante (por lo sano) que es adelgazar. Todo con sencillas rutinas de alimentación (sencillas…) y ejercicio para lo que además no hace falta ser deportista previamente. Basta con ir andando a los sitios, ir por las escaleras, hacer sentadillas, salir a pasear, si te atreves puedes empezar a correr… Y en solo unos mesecitos, te pones guapísima (a ver, ¿alguien tiene unas pinzas?). Solo alguien como Brian podía conseguir un milagro semejante. Y luego la publicidad: “¿te pones leche condensada? ¿TE LO PUEDES PERMITIR?”, en lo ya que respiras hondo…
Y ojo, que no lo discuto. Que, de hecho, alguna vez me lo he creído. Que estaría bien que los
brazos me ocuparan menos, pero ojalá eso fuera lo peor que me ha pasado. Estaría bien que hicieran el favor de no reírse de mí como espectadora. No me vendan por activa y por pasiva que hay que estar delgada para estar sana, para luego poner cara de pena cuando hablas de trastornos alimenticios, porque además no habría tantos afectados si el mensaje se relajara un poco.
Lo último, que no es nuevo pero es lo más reciente, ha sido un chiste sobre que la tabla de
Rose ya no aguantaría el peso porque se ha puesto… Y risas, por supuesto. A lo que se apresuraban a aclarar que “no, no, los dos. Los dos se han puesto… Ahora la tabla sí que no aguanta…” De todas formas, aclaraban: Leo ahora es fofisano…
En mi opinión de gorda: están guapísimos los dos, con sus caritas redondeadas.
Al final el mensaje que quieren dar es ese. La belleza va ligada a la grasa que esté en niveles
“aceptables” según seas hombre o mujer. Da igual cómo te sientas tú, que tengas o no complejos, porque siempre te vas a encontrar con alguien que te diga “parece que estás de buen año”…
Dicho lo cual, me voy a tomar un chocolate con churros 🙂